La clasificación de España para la final del Mundial 2026 ha reabierto el debate sobre la relación entre la selección y el presidente Pedro Sánchez. Mientras la Casa Real ha confirmado la asistencia completa de los Reyes Felipe VI y Letizia, junto a la princesa Leonor y la infanta Sofía, Moncloa mantiene en el aire la presencia del jefe del Ejecutivo, alegando un viaje a Argelia.

Fuentes cercanas al equipo nacional y la afición destacan el malestar existente. Los jugadores recuerdan episodios pasados de tensión, como la negativa a que Sánchez entrara en el vestuario tras la Eurocopa o el ambiente gélido en la recepción en La Moncloa. El presidente ya evitó despedir al equipo en Las Rozas antes del viaje a Estados Unidos.
Críticos interpretan la posible ausencia como miedo a abucheos en un estadio lleno y a compartir palco con líderes como Donald Trump y Javier Milei. Sánchez ha optado por enviar a la ministra de Deportes, Pilar Alegría, en su lugar.

Este distanciamiento refleja la brecha entre parte del deporte español y el actual Gobierno. La final, un acontecimiento de gran simbolismo nacional, vuelve a poner en evidencia divisiones políticas que trascienden el terreno de juego.