La selección española de fútbol, campeona del mundo tras vencer a Argentina en Nueva York, ha desatado una ola de celebraciones en todo el país. Sin embargo, el triunfo ha sido también aprovechado para confrontaciones políticas, con acusaciones cruzadas entre PSOE y PP sobre quién capitaliza el éxito deportivo.
La exvicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, y otros dirigentes socialistas han recordado que España ganó el Mundial de 2010 con Zapatero y ahora con Sánchez, ironizando sobre la coincidencia. Desde el PP, figuras como Ester Muñoz han vinculado la victoria a un posible triunfo electoral del partido en 2027.

El expresidente Mariano Rajoy ha generado polémica con una columna en la que, según críticos, utilizó un tono colonialista al hablar de “conquistar América” y comentó sobre la selección francesa “sin franceses”. Rajoy ha hablado de “metedura de pata” sin pedir disculpas explícitas, lo que ha sido interpretado por la izquierda como falta de sensibilidad.
La oposición ha denunciado la politización del fútbol, mientras el PSOE acusa al PP de utilizar el deporte para atacar al Gobierno. Analistas coinciden en que el debate refleja la alta polarización actual, incluso en momentos de celebración nacional.

Lamine Yamal, figura destacada del equipo, ha sido alabado por su rendimiento y también por gestos como rezar en el campo, imágenes que han sido celebradas por muchos pero criticadas por sectores conservadores. La selección ha unido a millones de españoles más allá de las diferencias ideológicas.
El episodio pone de manifiesto cómo los éxitos deportivos se convierten en campo de batalla política en España. La Roja, con su segunda estrella, ha devuelto la alegría a un país necesitado de buenas noticias, pero el debate sobre su significado político parece lejos de apagarse.