En una sesión tensa del Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez y Santiago Abascal protagonizaron un duro cara a cara sobre inmigración. Sánchez defendió una política humanitaria y económica, acusando a la derecha y ultraderecha de sembrar odio y xenofobia para erosionar su Gobierno. Abascal responsabilizó directamente a Sánchez de una “catástrofe” en costas, calles y barrios, denunciando costes sociales, delincuencia y falta de control. El debate expuso visiones opuestas: integración beneficiosa frente a invasión y colapso.

Sánchez argumentó que la inmigración no es solo humanidad, sino necesidad para la economía y el Estado del Bienestar. Destacó que los migrantes trabajan, se esfuerzan y tienen mayor tasa de actividad, aportan a la Seguridad Social y ocupan empleos precarios en agricultura, construcción y hostelería sin quitar puestos a los españoles. Criticó las narrativas de “invasión” y desinformación que exageran problemas de seguridad, insistiendo en que su tasa de delincuencia es similar. Reclamó un modelo español de integración exitosa, con recursos para convivir respetando leyes y valores, y advirtió que España debe elegir entre ser abierta y próspera o cerrada y pobre.

Abascal replicó con dureza: “Usted es la catástrofe”. Denunció que el 70% de extranjeros no cotizan a la Seguridad Social, el alto coste de ayudas a irregulares y la llegada de MENAs, muchos adultos según pruebas. Alertó de violaciones grupales, colapso de servicios y riesgos yihadistas ligados a mafias en Canarias. Acusó al Gobierno de deshumanizar a los españoles, priorizar migrantes y ocultar realidades como la no cotización y el impacto en pensiones y seguridad, proponiendo deportaciones y control frente a políticas permisivas.

Sánchez respondió que la ultraderecha usa el miedo por interés electoral, sin proyecto propio, y que señala a migrantes como chivos expiatorios para tapar su vacío y dependencias extranjeras. Defendió la solidaridad española, la memoria migrante y los beneficios reales de la integración, rechazando deportaciones masivas que llevarían a ostracismo y estancamiento. Acusó a Abascal de odiar por cálculo político y de arrastrar al PP.
El enfrentamiento refleja la fractura nacional. Mientras Sánchez ve prosperidad en una gestión ordenada, Abascal advierte de quiebra social y moral. España enfrenta un dilema: integrar con éxito o ceder al temor. El futuro de la convivencia, economía y pensiones dependerá de qué visión prevalezca en los próximos meses.