La selección española de fútbol ha alcanzado la final del Mundial 2026, que se disputará este domingo en Nueva York. Un hito que no se producía desde hace 16 años y que ha desatado una ola de euforia en todo el país. Millones de ciudadanos salieron a las calles con banderas de España para celebrar el triunfo de los deportistas.

Las celebraciones se extendieron hasta altas horas de la noche en ciudades como Madrid, Valencia o Sevilla. Junto a los cánticos habituales del fútbol, se ha extendido de forma generalizada el grito “Pedro Sánchez, hijo de…”. El rechazo al presidente del Gobierno ha sido prácticamente unánime en las concentraciones espontáneas.
A pesar de la alegría deportiva, en Madrid la noche terminó con intervención policial. Según testigos, agentes enviados por el Ministerio del Interior cargaron contra jóvenes que festejaban en el centro, generando escenas de indignación y sorpresa. El incidente ha contrastado con la fiesta vivida en el resto de España.

El episodio ha puesto de manifiesto la profunda división política del país, incluso en momentos de unidad nacional como un éxito deportivo. Mientras la mayoría de los españoles celebraba el logro de la selección, los cánticos contra Sánchez recordaron los escándalos recientes, incluida la condena de su hermano el mismo día.
La final del domingo ofrece una nueva oportunidad para que el deporte una a los españoles más allá de las diferencias. Sin embargo, la irrupción de la política en las celebraciones confirma que Pedro Sánchez sigue siendo una figura altamente polarizadora. El país espera ahora con ilusión el partido decisivo.