La selección española, recién proclamada campeona del mundo, fue recibida en el Palacio de La Moncloa por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El encuentro, protocolario, se produjo en un ambiente de evidente frialdad según las imágenes difundidas.

Los jugadores cumplieron con los saludos oficiales, pero varios de ellos mostraron gestos distantes. Destacó el breve contacto de Lamine Yamal, quien giró rápidamente la cara tras el apretón de manos. El capitán Rodri Hernández mantuvo la Copa del Mundo sin cedérsela al presidente durante el posado.
La recepción contrasta con la calidez mostrada horas antes por los futbolistas hacia el rey Felipe VI y su familia en Zarzuela. Sánchez no recibió la camiseta oficial ni tuvo oportunidad de tocar el trofeo.

Desde el Gobierno se ha restado importancia al incidente, calificándolo de mero protocolo. Fuentes cercanas a la selección han señalado que los jugadores priorizaron el carácter institucional del acto sin querer entrar en debates políticos.
El episodio ha generado comentarios en redes y medios, reflejando la polarización actual en España y las tensiones entre el deporte y la política en momentos de éxito colectivo. La selección ha regresado como símbolo de unión para millones de españoles tras su victoria en Nueva York.