
La villa Hamilton estaba llena de invitados.
En el gran salón de la planta baja se celebraba una elegante reunión familiar. Las lámparas de cristal iluminaban el suelo de madera, mientras las conversaciones y las risas ocultaban el verdadero ambiente que existía dentro de aquella casa.
Grace caminaba lentamente hacia la escalera.
Con una mano acariciaba su vientre de siete meses.
Con la otra intentaba mantener el equilibrio.
Su embarazo avanzaba bien, pero durante las últimas semanas había aprendido a caminar con cuidado.
No por miedo a caer.
Sino por miedo a Claudia.
Desde que la familia anunció que el futuro heredero sería el hijo de Grace, Claudia había cambiado.
Ya no ocultaba su odio.
Cada comida terminaba en una humillación.
Cada conversación acababa con una amenaza disfrazada de consejo.
Y Eleanor…
Su suegra.
Nunca defendía a Grace.
Siempre encontraba una excusa para justificar el comportamiento de Claudia.
Aquella tarde no fue diferente.
Grace estaba bajando lentamente los escalones cuando Claudia apareció detrás de ella.
Su rostro estaba completamente inexpresivo.
No gritó.
No discutió.
Simplemente se acercó.
Muy despacio.
Hasta quedar a menos de un metro de Grace.
—Siempre consigues llamar la atención… incluso embarazada —murmuró.
Grace no respondió.
Intentó continuar.
Pero de repente sintió dos manos empujándola con fuerza sobre los hombros.
Su cuerpo perdió el equilibrio.
Buscó desesperadamente el pasamanos.
No logró alcanzarlo.
Y cayó.
Su espalda golpeó varios escalones.
Después el costado.
Finalmente quedó tendida sobre el suelo de madera del vestíbulo, abrazando instintivamente su vientre.
El aire desapareció de sus pulmones.
Todo daba vueltas.
Arriba, Claudia permanecía inmóvil.