Un sector de los aficionados españoles desplazados a Nueva York ha amenazado con organizar una sonora pitada contra Pedro Sánchez si el presidente asiste a la final del Mundial 2026. El rechazo se ha manifestado ya en redes sociales y celebraciones, donde miles corean consignas contra el jefe del Ejecutivo cada vez que España marca.

La posibilidad de una humillación pública en el estadio ha generado un intenso debate. Mientras la Casa Real acudirá con todos sus miembros para dar apoyo institucional, Sánchez duda ante un viaje a Argelia y el temor a una protesta masiva retransmitida internacionalmente.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha reconocido las dificultades para conseguir entradas y ha admitido que podría ver el partido en un pub con aficionados españoles, una imagen que ha sido muy criticada por restar solemnidad al evento.
Este clima de hostilidad refleja la profunda polarización política en España. La final, un momento de unión nacional, se ve ensombrecida por las divisiones internas y el rechazo de parte de la afición hacia el presidente del Gobierno.