La polémica en torno al presentador Jesús Cintora y su programa Malas Lenguas en Televisión Española ha escalado tras la denuncia interna de la plantilla de RTVE. La periodista Marta Gómez Montero abandonó el plató en directo entre lágrimas, visiblemente humillada tras un enfrentamiento con Cintora. El Consejo de Informativos y el sindicato USO han criticado duramente el incidente, exigiendo medidas contra conductas abusivas y advirtiendo que no se trata de un caso aislado. La dirección de RTVE, incluido el presidente José Pablo López, emitió disculpas públicas, pero los trabajadores las consideran insuficientes.

El Consejo de Informativos de TVE emitió un veredicto contundente, señalando que este tipo de situaciones no deberían producirse en la radiotelevisión pública y reclamando una revisión inmediata de los métodos de trabajo para garantizar el respeto a las personas y la pluralidad de opiniones. Los profesionales describen un estilo despótico destinado, según ellos, a amordazar voces discrepantes y ceñirse al argumentario oficial del Gobierno. El sindicato USO ha respaldado estas críticas, desmontando la estrategia de la dirección de calificar el programa como producción externa.
“Malas Lenguas forma parte de la programación de RTVE, se emite bajo nuestra marca, se financia con recursos públicos y representa a la corporación”, han insistido los representantes de los trabajadores. El sindicato ha denunciado que el maltrato sufrido por Gómez Montero responde a una tónica general en los pasillos de la cadena, exigiendo la activación inmediata del protocolo de prevención de acoso y el plan de igualdad, documentos que, según ellos, deben aplicarse con rigor en una empresa pública.
Cintora y la dirección intentaron contener el escándalo con disculpas en redes sociales, pero la plantilla ha rechazado este “lavado de cara”. Los trabajadores urgen a investigar formalmente las conductas del presentador y a asumir responsabilidades para evitar que RTVE se convierta en un espacio de censura y autoritarismo. El incidente ha reabierto el debate sobre el ambiente laboral y la independencia editorial en la televisión pública.

La crisis pone a prueba la credibilidad de RTVE en un contexto de alta polarización política. Mientras unos exigen la revisión profunda de programas y estilos, otros defienden la libertad editorial. La respuesta de la corporación y el seguimiento de las medidas internas determinarán si se logra restaurar la confianza de sus profesionales y de la audiencia.