El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido en el Congreso para abordar las investigaciones judiciales que afectan al PSOE y su entorno. Sánchez ha reconocido la gravedad de los casos vinculados a la antigua secretaría de organización del partido, ha pedido disculpas y ha asegurado que se han expulsado a los implicados y puesto toda la información a disposición de la Justicia. “Quien traicione los valores, fuera”, ha afirmado.

El jefe del Ejecutivo ha distinguido tres cuestiones: un caso de corrupción en el PSOE, la investigación sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y los procedimientos contra su familia. Ha defendido que su Gobierno y el de Zapatero han sido “los más limpios de los últimos 50 años” y ha acusado al PP de aplicar “doble moral”, recordando los escándalos de Aznar y Rajoy con decenas de casos y miles de millones bajo sospecha. “No somos lo mismo”, ha insistido.
Sánchez ha calificado su Ejecutivo de “molesto” para élites económicas y sectores conservadores por medidas como la subida del salario mínimo o la defensa de lo público. Ha expresado su apoyo a Begoña Gómez ante las investigaciones, criticando una supuesta “burbuja judicial” y persecución. Ha anunciado medidas de transparencia y ha pedido al PP y Vox que apoyen la ley de integridad pública.

La intervención refleja la alta polarización del Congreso, donde corrupción y gestión son armas arrojadizas. Sánchez ha cerrado apelando a continuar gobernando para la mayoría social frente a “bulos y fango”. El debate, aunque previsiblemente sin consecuencias inmediatas para el Ejecutivo, pone de manifiesto la erosión de confianza institucional en un momento de intensa confrontación política.