En el marco del debate de la moción de censura presentada por Vox, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha respondido a las críticas del Partido Popular sobre corrupción con una intervención en la que ha recordado los casos que salpicaron a los ejecutivos de José María Aznar y Mariano Rajoy. Sánchez ha cifrado en 34 los casos judiciales durante el mandato de Aznar, con 362 cargos implicados y más de 1.000 millones de euros supuestamente sustraídos, y ha destacado que Rajoy superó esas cifras con 60 casos y 1.236 cargos investigados. “El PP está en una posición mendaz”, ha afirmado.

El jefe del Ejecutivo ha reconocido errores en su propio partido, como los relacionados con Santos Cerdán y José Luis Ábalos, y ha pedido perdón por confiar en ellos. Sin embargo, ha defendido que su Gobierno y el de José Luis Rodríguez Zapatero han sido “los más limpios de los últimos 50 años”, según datos y percepciones ciudadanas. Sánchez ha acusado al PP de bloquear leyes de transparencia, destruir evidencias y proteger a investigados, citando casos como el de la pareja de Isabel Díaz Ayuso o diversos cargos autonómicos. “No voy a recibir lecciones de quien ha convivido con la corrupción durante décadas”, ha sentenciado.
Durante su turno, Sánchez ha repasado la trayectoria de Feijóo, recordando sus declaraciones pasadas minimizando investigaciones como la Gürtel o la caja B. Ha criticado la “cláusula Quirón” incluida en la ponencia del PP, que, según él, busca proteger a contribuyentes con errores fiscales y beneficiaría al novio de Ayuso. El presidente también ha defendido las medidas económicas y sociales de su Ejecutivo, destacando avances en empleo, pensiones y convivencia, frente a lo que considera una estrategia de “fango” del principal partido de la oposición.

La intervención se ha producido en un clima de alta tensión, con interrupciones y cruces de acusaciones. El PP ha replicado insistiendo en las investigaciones abiertas contra el PSOE y exigiendo responsabilidades políticas inmediatas. Vox, por su parte, ha mantenido su línea de ataque contra lo que denomina “sanchismo” y pactos con independentistas. El debate refleja la polarización extrema del Congreso, donde la corrupción se ha convertido en arma arrojadiza recurrente entre los dos grandes partidos.
Este enfrentamiento llega en un momento clave, con varias causas judiciales abiertas que salpican a ambos lados del espectro político. Mientras Sánchez apela a la memoria histórica y a los datos para defender su gestión, Feijóo y el PP exigen dimisiones y una renovación ética que, según ellos, solo puede llegar con un cambio de Gobierno. La ciudadanía sigue con atención un debate que, más allá de la moción —destinada al fracaso—, expone las heridas abiertas de la democracia española en materia de integridad institucional. ¿Servirá este cruce de reproches para impulsar reformas reales o solo profundizará la desconfianza ciudadana? El tiempo y las urnas lo dirán.