
Capítulo 1:
Seis hombres emergieron de las sombras, vestidos con equipo táctico oscuro, pasamontañas negros cubriendo sus rostros.
Llevaban subfusiles con silenciador, moviéndose con una precisión sincronizada aterradora.
Se dispersaron, estableciendo un perímetro letal.
Estos no eran ladrones buscando Rolex.
Era un equipo de asalto altamente coordinado.
El pánico explotó.
Los invitados gritaron, lanzándose al suelo.
Vi a Catalina Herrera desmayarse, colapsando como una marioneta sin hilos.
Amanda lloraba histéricamente, encogida debajo de una mesa.
Guillermo estaba congelado, manos levantadas en rendición.
“Esto es una simple transferencia de riqueza,” gritó el líder, apuntando con su rifle.
“Joyas, billeteras, teléfonos en las bolsas. Hagan exactamente lo que se les dice y vivirán.”
Era una mentira.
Un engaño clásico.
No despliegas un escuadrón táctico por joyas.
Venían por un objetivo de alto valor.
Venían por Daniel.
Daniel me agarró, tirándome al suelo, intentando cubrirme.
Estaba temblando.
“Todo estará bien, Sofía… solo obedece…”
Pero yo ya no estaba en el mismo mundo que él.
Mi pulso había bajado.
Mi visión se enfocó.
Seis objetivos.
Armadura corporal.
MP5 con silenciador.
No aseguraron acceso interior aún.
Un par de botas se detuvo frente a mí.
“Tú. La novia bonita.”
El cañón tocó mi hombro.
“Quítate las joyas.”
Obedecí lentamente… actuando.
Hasta que perdió la paciencia.
“¡Más rápido!”
Me agarró violentamente.
Mi vestido se rasgó.
Y en el instante en que tocó mi piel…
La fachada murió.
La mecánica desapareció.

Capítulo 2: El Momento en que el Mundo de Daniel se Rompió
El sonido de disparos aún flotaba en el aire.
Pero para Daniel… todo se ralentizó.
Solo me veía a mí.
A su novia.
A la mujer que creía conocer.
La mujer que acababa de matar sin dudar.
“Sofía…”
“¿Quién eres?”
Escuché… pero no respondí.
No ahora.
El último hombre intentó hablar por radio.
“Objetivo confirmado—”
Mi bala atravesó su garganta.
Silencio.
Lo miré a Daniel.
Sus ojos ya no eran los mismos.
Había miedo.
Dolor.
Y algo rompiéndose.
“No dirás nada?”
“Yo…”
No sabía quién era.
“No soy quien ellos creen,” dije.
Él rió débilmente.
“No pensé que dispararías a cuatro hombres en segundos.”
Pero no se fue.
Esperó.
Y supe—
Ya no podía ocultarlo.

Capítulo 3: Cicatrices que Nunca Pertenecieron a una Novia
“Fui coronel de Fuerzas Especiales.”
Silencio absoluto.
“No… imposible…” murmuró Catalina.
“Esta mecánica acaba de salvarte,” respondí fría.
Miré a Daniel.
“Me retiré hace tres años. Estaba cansada.”
“¿Entonces por qué están aquí?”
Miré mis manos llenas de sangre.
“Porque nunca me dejaron retirarme.”
El viento sopló.
Mis cicatrices quedaron expuestas.
Daniel las vio.
Las tocó con miedo.
“¿Esta?”
“Metralla.”
Silencio.
“¿Cuántas más hay?”
No respondí.
Capítulo 4: Cuando el Amor se Enfrenta a la Guerra
Helicópteros.
Pero no era la policía.
Hombres de traje negro entraron.
El líder se detuvo frente a mí.
Familiar.
Demasiado.
“Coronel Sofía Martínez,” dijo.
Daniel se giró.
“¿Coronel?”
Cerré los ojos.
“¿Qué quieres, Harris?”
“Te necesito.”
“No.”
“Tus enemigos no.”
El cartel vino a confirmar.
Y ahora sabían.
“Volverán.”
Daniel se puso frente a mí.
“No irá a ninguna parte.”
Harris lo miró.
“¿Puedes protegerla?”
“No… pero puedo estar con ella.”
Estúpido.
Peligroso.
Y… me dolió el pecho.
Capítulo 5: Lo que Temo no es la Guerra
La noche cayó.
Todo limpio.
Pero nada olvidado.
Miré la ciudad.
Todo seguía normal.
“Tú te irás, ¿verdad?”
Daniel detrás de mí.
“Tengo que hacerlo.”
“No.”
Me giré.
Él estaba firme.
“No me importa quién eras… dime si quieres quedarte.”
Eso era más peligroso que una bala.
“Amarme no es fácil.”
“Aprenderé.”
“Podrías morir.”
“Aún así te elijo.”
Sin dudar.
Reí temblando.
“Eres un idiota.”
“Lo sé.”
Tomó mi mano.
Sin importar la sangre.
Final: La Novia que Dejó de Huir
La gente cree que la guerra es lo más aterrador.
Están equivocados.
Lo más aterrador…
Es que alguien vea lo peor de ti—
Y decida quedarse.
Ya no soy solo una mecánica.
Ni solo un arma.
Soy Sofía.
Una novia.
Una soldado.
Y esta vez—
No lucharé sola.