Capítulo 2: El Papel del Destino
Monedas sueltas se derramaron por todo el suelo.
El sonido del metal chocando se mezcló con los cristales rotos.
Tintineando.
Cayendo.
Lleno de tristeza.
Al mismo tiempo, un trozo de papel arrugado se deslizó, volando suavemente sobre la piedra fría.
La atmósfera se volvió de repente asfixiante.
La gerente torció los labios con desprecio, se agachó y extendió la mano para agarrar al niño con violencia—
Pero su mano se detuvo en el aire.
Sus ojos acababan de posarse en las palabras escritas en ese papel arrugado.
Todo su cuerpo se congeló por completo.
La sangre desapareció instantáneamente de su rostro perfectamente maquillado, dejándola pálida como un cadáver.
“…¿Anna?” susurró, su voz temblorosa incapaz de ocultar su terror absoluto.
Justo cuando pronunció ese nombre, desde el final del pasillo—
Otro sonido resonó, rompiendo el silencio.
Clac. Clac.
El golpe de un pesado bastón de madera contra el suelo.
Todos giraron la cabeza.
Un hombre mayor, vestido con extrema elegancia y exudando una autoridad absoluta, caminaba hacia nosotros a una velocidad que nadie hubiera imaginado.
Sus ojos, afilados como cuchillos, se clavaron en el papel que sostenía la gerente y luego pasaron al rostro bañado en lágrimas del niño.
Su expresión cambió drásticamente.
“¡¿ERES EL HIJO DE ANNA?!”
Capítulo 3: La Furia del Poder
Todo el inmenso espacio parecía haberse congelado.
Aquel hombre poderoso dejó caer su bastón.
Cayó de rodillas justo frente al niño delgado, sin importarle que los cristales rotos cortaran las rodillas de sus costosos pantalones.
Sus manos arrugadas temblaban violentamente al tocar los hombros del pequeño.
“Dime… ¿Dónde está tu madre?”
El niño sollozó, mirando al extraño con los ojos llenos de lágrimas.
El dolor lo desbordó.
El pequeño levantó la mano lentamente y recuperó la receta arrugada.
Y entonces, ese pequeño dedo tembloroso señaló directamente a la cara de la gerente, que seguía petrificada a su lado.
“Mi mamá está en el hospital…”
La voz del niño resonó claramente en medio del silencioso centro comercial.
“¡SE ENFERMÓ GRAVEMENTE DESPUÉS DE QUE ELLA LA EMPUJARA POR LAS ESCALERAS!”
Capítulo 4: El Precio a Pagar
Un grito de profunda indignación estalló entre la multitud.
Las lentes de los teléfonos de docenas de personas apuntaron inmediatamente al rostro encogido de miedo de la gerente.
La crueldad había salido a la luz.
El horror se apoderó de cada célula de su cuerpo. Abrió la boca para intentar explicarse, pero ningún sonido logró salir.
Y la expresión del anciano…
El doloroso sufrimiento en sus ojos al mirar al niño desapareció en un instante.
Fue reemplazado por una furia explosiva, una indignación capaz de reducirlo todo a cenizas.
Se levantó lentamente.
Su amplia espalda ocultó al niño, formando un muro protector inquebrantable.
Sacó su teléfono y su voz, fría como el hielo, se alzó para sellar el destino de la culpable.
“Cierren todo el sistema. LLAMEN A LA POLICÍA Y A MIS ABOGADOS AHORA MISMO.”